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Introducción



El Valle del Jerte, situado geográficamente en la vertiente meridional de la sierra de Credos ,aunque históricamente lo situamos en Vettonia ( el País de los Vettones) hoy constituye un paso natural entre Extremadura y Castilla, utilizado antaño para la trashumancia. Se accede al Valle, procedente de Plasencia por el Oeste y desde el Barco de Ávila por el Este, por la carretera N-110. Regado por el río Jerte y surcado por innumerables gargantas, de clima suave y frondosa vegetación, ha sido bautizado como "Valle del Gozo". Por Abril se produce la floración de sus miles de cerezos y el valle aparece, a los ojos del visitante, con un manto blanco, como nieve caída a destiempo, convirtiéndose en un espectáculo único. ITINERARIO La mejor aduana para entrar en Extremadura es la del Valle del Jerte , encabezado por su Puerto de Tornavacas, "al que se llega por el alto espinazo de la sierra de Avila, y que rompe de pronto el paisaje, hundiéndose bruscamente en un Valle de Milagros", en palabras de G. Gómez de la Serna. Es la del Jerte una comarca altoextremeña, de acusada personalidad, situada en la vertiente meridional de la sierra de Gredos. Constituye un pasillo natural que pone en comunicación a Extremadura con Castilla. Ruta antañona de trashumancia, hoy cruza el Valle la carretera N-110, que discurre paralela al río en amplios tramos. La cuenca del Jerte sirve de asiento a 11 poblaciones-villas ribereñas y aldeas serranas-, que se integran en una Mancomunidad de Municipios, y cuya demografía apenas rebasa los 15.000 habitantes. Sobre la hermosura y feracidad del Valle se ha ido tejiendo una apretada leyenda que hunde sus raíces en remotos tiempos de la helenización. Se imputa a los griegos-aunque sin base científica alguna- el haber bautizado esta prodigionsa hendidura tectónica como "Valle del Gozo". La expresión ha hecho fortuna desde que la utilizara Alfonso Fernández, el cronista placentino del XVII, y es lugar comúm en cualquier alusión al Jerte. Para otros, como Sebastián Covarrubias (1611), fueron los árabes quienes denominaron "Xerte" a nuestro río por la transparencia cristalina de sus aguas. Para Luis de Toro "..el Jerte, es el más hermoso de todos los ríos", y sobre las cerezas asegura que "mejores no las tienen ni los persas". Recomiendo el Valle al viajero que se resiste al tópico. Para éste, el Jerte se le abrirá como un sugestivo mundo en el que todavía las cosas y las gentes resultan genuinas, reales, auténticas. Se tropezará con pueblos de serena belleza, asentados en medio de increíbles parajes, dotados de un estilo arquitectónico propio, con tranquilas plazoletas y frescos soportales de madera. El valle está especialmente indicado para quien goza descubriendo por sí mismo las sorpresas de la paisaje: el salto de la trucha que remonta la corriente, la seta jugosa que esconde el robledal, el postrer destello púrpura que arranca el sol a los neveros, vagar por umbrosos senderos que serpentean la montaña, dejarse caer junto al amial acunado por los cálidos mugidos de las vacas, mojar el cuerpo en las chorreras espumosas de cualquier garganta. Varias son las rutas que podrían marcarse par disfrutar los abundantes recursos que brinda la comarca: "Ruta de Carlos V", que nos descubre el camino que llevó el Emperador desde Tornavacas a Jarandilla por la fragosa garganta de los Infiernos; "Ruta de Honduras o Ruta Judea", que une a dos villas altoextremeñas de amplio substrato hebraico, Cabezuela y Hervás, por medo de espectaculares paisajes contemplados desde las laderas de Traslasierra; "Ruta de la Trashumancia", que sigue la línea secular de los ganados mesteños por el viejo cordel que atraviesa la cuenca del Jerte, jalonada de típicos ventorros y fragmentos bien conservados de calzada romana. Vamos a reseñar dos rutas: la "Ruta de las villas ribereñas" y la "Ruta serrana".


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